El Athletic acabó pisoteado en la pradera del Santiago Bernabéu, por la
que pasaron los bisontes de siempre, unos salvajes que llevan la camiseta blanca del Real Madrid y que embistieron de nuevo al visitante de turno. Los leones dieron la cara, jugaron con las garras, pusieron en aprietos al Madrid, pero acabaron igual que todos. El Real Madrid se los llevó por delante. Es el manual del fútbol moderno, potencia y velocidad, en un visto y no visto. Todavía hay huellas en el césped después de otra estampida del equipo de Mourinho.
Los blancos respondieron al Barça horas después de lo que pasó en Almería. El Real Madrid también es una bestia. Diferente, pero igual de feroz e insaciable. Cristiano Ronaldo respondió dos veces. Primero, lo hizo en el terreno de juego marcando tres goles como Messi y, después, lo hizo a pie de campo, con el micrófono. El desafío ha comenzado.
Poco se le puede reprochar al Athletic, un equipo que tiene las mismas agallas que el Madrid. Lo lleva en la sangre. Los de Caparrós sólo bajaron los brazos cuando llegó el cuarto del Madrid. Antes, complicaron la existencia madridista en su propio estadio. Fernando Llorente no sólo fue el más alto, fue el mejor de todos en la primera parte. El gigantesco delantero rojiblanco demostró en el escaparate de La Castellana que puede vestir de chaqué por muchos metros que mida. Marcó el tanto del Athletic, en fuera de juego, y exigió como nadie a Carvalho y Pepe, que sudaron más que nunca.
El Madrid giró la cabeza a la derecha, la calle por la que corre un galgo. Se llama Ángel, se apellida Di María y tiene enamorado al Bernabéu, estadio exigente que valora el esfuerzo y el no rendirse. El argentino apareció por todos los rincones del campo, por delante y hasta por detrás de Ramos. En su pierna izquierda nació el primero. El chico de los corazones pensó entre líneas y conectó con Higuaín, que se revolvió dentro del área y batió a Iraizoz. No le hizo falta ni avisar. Celebró un gol, otro más, sin hacer el ruido de otros.
El guardián del Bernabéu
Se adelantó el Real Madrid y al equipo lo sostuvo su portero. Casillas, que lleva el 1 en la espalda y no por casualidad, salvó al Madrid en un disparo envenenado de Susaeta y, minutos después, en un latigazo de Llorente. Fue mano de santo para los blancos, que hicieron el segundo en respuesta a las ocasiones rojiblancas. El Real Madrid ni preguntó. Lo hizo todo a la velocidad de la luz. Higuaín, Özil y zurdazo seco de Cristiano imparable hasta para cuatro porteros defendiendo la misma portería. Fue una contra de libro.
El Athletic no se rindió porque es el Athletic. Acortó distancias cerca del descanso. El Rey León, escondido entre la maleza, saltó para capturar a su presa y hacer el 2-1. Los de Caparrós prosiguieron con su acoso tras el paso por vestuarios. Susaeta e Iraola aprovecharon su superioridad numérica por el costado frente a un Marcelo que se quedó sin aliados. En la izquierda, entró Aurtenetxe por Ustaritz. Amorebieta se colocó de central. Había jugado los primeros 45 minutos de lateral izquierdo después de más de tres meses desaparecido del mapa por lesión. Caparrós rectificó. Di María le había hecho un traje.
Ramos sorprendió a los portugueses
La vida de los leones se apagó por dos zarpazos del bisonte madridista, que no tiene garras, tiene pezuñas que acaban con el enemigo como quien no quiere la cosa. El 3-1 lo marcó el Madrid de penalti. Susaeta se equivocó, zancadilleó a Di María y a Ramos se le ocurrió tomar la responsabilidad. No tiró Cristiano, que vio el disparo del sevillano con sorpresa. Mourinho pidió explicaciones al banquillo. Lo de improvisar no va con un técnico que tiene todo controlado.
Cristiano hizo el cuarto poco después con la colaboración de Iraizoz, portero que no acostumbra a conceder regalos. Le pegó fuerte el portugués, pero fue centrado y Gorka no reaccionó a tiempo. El quinto, en el último suspiro, lo hizo de penalti. Ése sí llevaba su nombre escrito. Goleó el Real Madrid a un buen Athletic, que se llevó cinco dando la cara. Las estampidas no entienden de gestos. Se llevan por delante todo lo que les salga al paso.














